Cultura Culichi
Ser culichi: así somos, así vivimos, así recibimos
Aquí no se vive: se convive. No se come: se celebra. No se trabaja: se construye. Esto es lo que significa ser de Culiacán.
Pásale, pariente
Hospitalidad y carácter
En Culiacán no hay extraños, hay plebes que todavía no se conocen. Te hablamos fuerte, te ponemos “El” o “La” antes del nombre, te invitamos a comer sin preguntar dos veces y te decimos “compa” antes de saber tu apellido. No es confianzudez: es la forma culichi de decir aquí estás en tu casa.
El culichi pichea sin que le pidan, explica direcciones como si fuera tu guía personal y convierte un saludo en la calle en una sobremesa de tres horas. Si alguien te dice “caile”, no hay forma de negarse: estás invitado a la fiesta de la vida.
Aquí “¿ya comiste?” no es pregunta. Es invitación.
El domingo es sagrado
La familia culichi
La familia culichi no termina en papá, mamá e hijos. Aquí entran los abuelos, los tíos, los primos, los compadres, los ahijados y hasta el vecino de toda la vida. Cada domingo, la mesa se estira para que quepan todos —y siempre cabe uno más.
Las celebraciones son a lo grande, sin medias tintas. Cuando se puede, las bodas son de tres días: la bienvenida, la boda y la tornaboda. Los bautizos se ponen igual de sabrosos. Las quinceañeras se planean con un año de anticipación.
A los abuelos se les cuida y se les escucha. Ellos guardan las recetas, las historias y los apellidos. En Culiacán, la solidaridad familiar no se negocia: se hereda.
Un idioma hecho de confianza
Habla culichi
El culichi habla directo, sin filtros y con mucho cariño. Toca cada tarjeta para descubrir el significado:
Fierro por la costera, pariente.
Sangre guinda
Pasión beisbolera
En Culiacán el béisbol no es deporte, es religión. Y los Tomateros son la parroquia. Fundados en 1965 por Don Juan Manuel Ley Fong, son el segundo equipo más ganador en la historia de la Liga Mexicana del Pacífico. Su afición —la Nación Guinda— llena el Estadio Tomateros con 20,000 almas que cantan, gritan y heredan la camiseta de generación en generación.
Culiacanenses en Grandes Ligas
Julio Urías
Campeón de Serie Mundial 2020 con los Dodgers
Roberto Osuna
El lanzador más joven en la historia de MLB en llegar a 100 salvamentos
Oliver Pérez
20 temporadas en MLB, el mexicano con más años de servicio
Joey Meneses
Nacido y formado aquí, en Culiacán
Todo empieza en la calle, con un guante prestado y un diamante dibujado a media banqueta. Aquí, ser tomatero se aprende antes de hablar.
La tambora es el latido
Banda sinaloense y música
La banda sinaloense nació en el siglo XIX, cuando inmigrantes alemanes llegaron a Mazatlán con sus tubas, clarinetes y partituras. Lo que pasó después fue puro genio sinaloense: agarramos esos instrumentos, les metimos tambora, y creamos un género único en el mundo.
De aquí salió La Banda El Recodo, “La Madre de Todas las Bandas”, fundada en 1938 por Don Cruz Lizárraga. Hoy, Banda MS, Los Recoditos, La Arrolladora y Banda Carnaval llevan el sonido sinaloense a todo el planeta.
Sinaloa también le dio al mundo a Pedro Infante, Lola Beltrán, Los Tigres del Norte, Espinoza Paz, Edén Muñoz y Amparo Ochoa. Y aquí mismo en Culiacán, la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes (OSSLA) —con músicos de 16 nacionalidades— ha acompañado a José Carreras y Plácido Domingo.
De la tambora del pueblo al escenario del mundo. Así suena Culiacán.
De una tiendita a un imperio
Espíritu emprendedor
La historia empresarial culichi se cuenta con dos apellidos: Coppel y Ley. Las dos empezaron casi de la nada. Las dos cambiaron a México.
En 1941, Luis Coppel y su hijo Enrique abrieron una tiendita llamada El Regalo frente al Teatro Apolo. Vendían relojes y radios. Cuando notaron que sus clientes no traían lana, tomaron una decisión que les cambió la vida: vender a crédito, confiando en la palabra del cliente. Hoy, Grupo Coppel opera más de 1,600 sucursales y está entre las 200 cadenas minoristas más grandes del mundo.
Juan Ley Fong llegó de niño desde China a Mazatlán. Empezó vendiendo carbón puerta por puerta. En 1954 se mudó a Culiacán, compró un local con 187 mil pesos prestados y lo llamó Casa Ley. Hoy es la cadena de supermercados privada más grande de México, con más de 230 tiendas y 22,000 empleados.
Las cosas grandes empiezan chiquitas. Y se construyen con palabra.
Aquí se come con el alma
Gastronomía que enamora
La cocina culichi no es solo comida: es identidad. El taco gobernador nació aquí, el aguachile se perfeccionó aquí, las torres de mariscos se inventaron aquí, y el sushi culichi —un género gastronómico propio— se exportó al mundo desde aquí.
Pero si hay un platillo que define el lujo discreto del Pacífico sinaloense, son los callos de hacha. Este molusco del Mar de Cortés, fresco, dulce y delicado, se prepara en Culiacán como en ningún otro lugar: al natural con limón y chile, gratinados con queso, en aguachile, en ceviche, o dorados al mantequilla con ajo. Los callos de hacha no viajan bien —hay que comerlos aquí, recién sacados del mar— y eso los convierte en una experiencia exclusiva de Sinaloa. Quien los prueba por primera vez, no los olvida jamás.
Y luego está el chilorio, la machaca, el pescado zarandeado, los camarones en todas sus formas, el Mercado Garmendia con sus más de 100 años de sazón popular, y los desayunos de El Gallito y Panamá que son religión matutina. En Culiacán, la mesa siempre está puesta y nadie se queda sin comer.
Si quieres saber qué tan orgulloso es el culichi de su comida, súbete a un avión en el aeropuerto de Culiacán. La mitad de los pasajeros carga bolsas de chilorio y tamales de La Chata y pays de guayaba de “El” Panamá. No es souvenir: es que no puedes irte de aquí sin llevar un pedazo de Culiacán a tu casa.
Y para acompañar todo eso, está Jaztea — la bebida más culichi que existe. Creada en 1994 por la familia Fong Payán, este té helado de jazmín con limón fresco nació en Culiacán y se convirtió en la bebida insignia de Sinaloa. Lo que empezó como el único té helado listo para tomar en su tiempo, hoy es líder en el noroeste de México. En Culiacán no se dice “¿quieres un té?” — se dice “¿quieres un Jaztea?”. Es tan nuestro como el aguachile.
Los callos de hacha no viajan bien. Hay que venir a Culiacán a probarlos.
Belleza que trasciende
La mujer sinaloense
No es mito, no es exageración: las mujeres de Culiacán somos reconocidas en todo México y el mundo por nuestra belleza. Sinaloa ha producido más ganadoras y finalistas de Nuestra Belleza México y Miss Universo que prácticamente cualquier otro estado. Pero reducirlas a su apariencia sería no entender nada.
La mujer sinaloense es fuerte, emprendedora y protagonista. Aquí las mujeres dirigen empresas, encabezan proyectos sociales, llevan las riendas de los negocios familiares y sostienen comunidades enteras. Desde las mujeres del campo que trabajan en la agroindustria hasta las profesionistas que lideran en tecnología, salud y educación, la mujer culichi combina carácter con calidez de una forma que es únicamente sinaloense.
Se arreglan porque quieren, no porque deban. Salen a la calle como si cada día fuera evento —y lo es, porque en Culiacán la vida se celebra. Esa mezcla de seguridad, alegría y elegancia natural es lo que hace que la belleza sinaloense sea más que física: es actitud. Además de física, es actitud.
La mujer sinaloense no necesita presentación. Con llegar, basta.
Esto es Culiacán. Tierra de palabra que vale, de mesa que siempre tiene un lugar más, de tambora que no se calla y de gente que cuando dice “caile, pariente” lo dice de verdad.
¡Fierro!